ANAMIMH

Usted esta Aquí: Sección Económica El oro mantiene su atractivo

El oro mantiene su atractivo

E-mail Imprimir PDF

Madrid,  Septiembre 2011 (Johanna Keller/Cinco Días) – El 15 de agosto de 1971, EE UU suspendió la convertibilidad directa del dólar estadounidense en oro, poniendo así fin al sistema Bretton Woods y abriendo el camino a la liberalización del mercado de este metal precioso. Ante la reciente volatilidad del mercado y el excelente comportamiento del oro durante el último episodio de la crisis, merece la pena examinar cuáles han sido los principales factores determinantes para la fijación del precio de este metal en los últimos 40 años con el objetivo poner a prueba nuestra visión positiva.

En un estudio recientemente publicado que utiliza el precio del oro como modelo, Oxford Economics concluyó que los siguientes elementos son factores explicativos importantes para la fijación de su cotización: el IPC estadounidense, el tipo de cambio del dólar, los tipos de interés reales de EE UU, la tensión financiera medida por la prima del swap de impago de crédito y la base monetaria en Estados Unidos. Hay que señalar que la falta de datos estadísticos de mercados como la India o China, que han emergido de forma considerable en los últimos 10 años, supone que el modelo utilizado no refleja los cambios registrados en la dinámica de la oferta y la demanda.

El estudio concluye que, a largo plazo, el precio del oro lo determina la tasa de inflación, una opinión acorde en general con las conclusiones alcanzadas por J. Leyland en su versión actualizada de The Golden Constant, de R. W. Jastram. Igual de interesante resulta que, a corto plazo, factores explicativos como los tipos de cambio, las tensiones financieras y las políticas monetarias son los que mayor influencia ejercen en el precio de una onza hoy en día.

Y son precisamente este tipo de cuestiones las que han dado lugar a la reciente inquietud de los mercados. La dificultad de alcanzar un acuerdo político sobre cómo abordar la crisis de la deuda soberana, tanto en Estados Unidos como en Europa, ha renovado los temores de riesgo sistémico. Además, la situación ha tenido repercusión sobre los tipos de cambio, especialmente en el caso del franco suizo, justo en el momento en que los indicadores económicos en general están apuntando hacia una ralentización del crecimiento global que exacerbaría las dificultades a las que se enfrentan los Gobiernos en sus intentos de sanear sus finanzas.

De hecho, los bancos centrales están siendo criticados simultáneamente por hacer demasiado (debate sobre la expansión cuantitativa, o QE, en EE UU) y también por hacer demasiado poco (en Europa, presiones para que el BCE estabilice la deuda periférica). Como predice el modelo, en estas circunstancias el oro se ha apreciado, alcanzando otro nuevo máximo histórico de 1,814 dólares por onza.

Son muchos los Gobiernos que se enfrentan a un dilema. ¿Deberían aplicar políticas económicas restrictivas (subir los impuestos, recortar el gasto) para reducir los niveles de deuda? Hacerlo supone el riesgo de acabar con el crecimiento e impedir cualquier posibilidad de recuperación. Este escenario es una fuente potencial de estrés financiero, tipos de interés débiles y depreciación de distintas divisas, un entorno que beneficiaría al oro. La alternativa, nada ortodoxa y que también conllevaría riesgos considerables, sería acelerar la monetización de la deuda, lo que podría dar lugar a la creación de un entorno inflacionista que también favorecería al oro. El oro mantiene su atractivo en un mundo en el que las incertidumbres parecen estar lejos de desaparecer.

Johanna Keller. Lombard Odier. Investment Managers

Joomlart